Existen cantidad de jóvenes -y no tanto- cargados de ideas
que, por esta crisis impuesta, se ven en un auténtico callejón sin salida. Solo
aquellos que presenten la chispa adecuada
se convertirán en EMPRENDEDORES.
A partir de ese momento la carrera de fondo puede ser larga, dura
y con muchas zancadillas de aquellos que llevan
una eternidad en el negocio y no tienen ganas ni edad de luchar por unos
clientes. La competencia ya no está hecha para ellos.
Superado este paso y tras conseguir el enorme esfuerzo
económico que cuesta montar cualquier tipo de chiringo, entonces se presentará
el problema de atraer a una clientela aburrida hasta la saciedad del mismo
producto, de que se les haya lavado el cerebro con una publicidad engañosa con
relación a que no existe nada igual ni apenas similar.
En este instante es cuando debe de aparecer en el coco
el icono de BOMBILLA, como en un cómic y llevar ese concepto a un estado físico
y real…no vale con mostrar un producto, sea lo que sea, en un escaparate, también
hay que ENSEÑAR la infinidad de satisfacciones que ese producto nos puede dar
en un futuro.

A modo de ejemplo, en mi barrio abrieron hace poco una
librería infantil. No es que sea la una idea demasiado original, cualquier
librería tiene cuentos para niños, pero en este caso presentan un espacio
dinámico, donde los padres pueden mostrar a sus hijos que en una las historias
se abren paso a modo de títeres, cuentacuentos y otros eventos que anuncian con
antelación. Montar un negocio no es solo presentar un producto, también
hay que saber venderlo dentro y fuera del establecimiento. No imagino a un
vendedor de bicicletas o de zapatillas
que no conozca su género, tanto en la teoría como en la práctica, y mucho mejor
si invita a su clientela a que compartan con El / Ella los caminos y las
carreteras, en su tiempo libre.
No existe formula para el éxito, pero tal vez haya técnicas
que ayuden a conseguirlo.