Hay grandes compositores en la industria del cine y existen grandes melómanos entre los directores que tienen la posibilidad de pagar cualquier melodía que esté en el mercado, y que sirva de engranaje en su propio trabajo.
Tarantino se lleva el gran premio en esta modalidad, no hay lugar a dudas. Si uno escucha la Banda Sonora de cualquiera de sus trabajos podrá comprobarlo, y si no cuenta con demasiado tiempo, puede quedarse a modo de ejemplo con las de KILL BILL.
En estas dos cintas la variedad resulta fascinante. Se marca un repaso a diferentes estilos por medio de grandes géneros del Séptimo Arte. No se puede pasar por alto el estilo tan brutal que gasta dicho director al introducir en una secuencia previa a una gran pelea, con "Los 88 maniacos", a un grupo japonés de Surf Rock femenino en directo, o en esas magníficas secuencias de relativa acción donde lo que suena no es Hard Rock ni nada por el estilo, sino una Saeta o una Alegría de Lole. No hace falta decir que solamente un genio puede realizar semejante mezcla y además salir triunfante.






